Esquí­ de travesí­a: en busca de nuevas experiencias

Esquí­ de travesí­a: en busca de nuevas experiencias

travesiaSe trata de una modalidad que combina deportes en principio tan dispares como el senderismo, alpinismo y el esquí­ con los beneficios de todos ellos desde el punto de vista del entrenamiento fí­sico, actividad aeróbica (aumento de la resistencia, quema de grasas e incremento de la capacidad pulmonar beneficiando al sistema cardiovascular) y anaeróbica (adquisición de potencia y masa muscular y fortalecimiento del sistema músculoesquelético). Pero el esquí­ de travesí­a no es solamente eso, va mucho más allá, se trata de un entrenamiento al aire libre (outdoor) en el que se puede disfrutar de la montaña y de su medio ambiente alejado de las aglomeraciones y ruidos que encontramos en las estaciones de esquí­ sin tener necesariamente que separarnos mucho de ellas ya que en su entorno la seguridad, servicios y conexiones son más abundantes. Otra de las ventajas es que este deporte no está sujeto ni a los horarios ni a la temporada que establecen las estaciones de esquí­ sino únicamente a que haya nieve y a las condiciones de la misma pudiendo incluso planificarse actividades nocturnas con la luna llena como estrella polar o en su defecto con frontales.

Para su práctica recomendamos un nivel de esquí­ medio ya que después de subir habrá que bajar pero siempre podremos planificar la ruta de forma que el descenso sea asequible para los practicantes. La forma fí­sica también es un factor a tener en cuenta pero igualmente los monitores se adaptarán al nivel fí­sico del grupo.

La actividad consiste en una ruta planificada con subidas y bajadas. Para las subidas utilizamos unas pieles de foca que se colocan bajo el esquí­ en la suela (afortunadamente ya son sintéticas) y que nos permitirán desplazarnos hacia arriba sin resbalarnos unido a ciertas técnicas cuando las pendientes son pronunciadas (diagonales, utilización de los cantos, alzas) y unas botas especiales que permiten flexionar el tobillo para caminar. Las bajadas se realizarán con los esquí­s desprovistos de las pieles y con las botas en modo descenso. Los bastones también tendrán que regularse de forma diferente para subir o bajar

Durante la ascensión.

Colocación de las pieles: Es importante que las suelas estén secas y que coloquemos la piel centrada dejando los cantos libres ya que en zonas duras esto nos puede dar la vida Dependiendo del sistema de fijación se colocarán de cola a espátula o de espátula a cola (los hay de los dos tipos así­ que antes de empezar habrá que fijarse bien en el mecanismo de sujeción, las pieles quedarán tensas y bien pegadas a la suela sin bolsas de aire para que luego no entre nieve y se puedan despegar, no obstante al comenzar el ascenso se terminarán de fijar (cabe matizar que los corredores de competición suelen usar las pieles hasta la talonera ya que más largas incrementan la fricción y les resta velocidad en el ascenso. Si tenemos que quitar pieles para luego volver a ponerlas es importante guardarlas en el pecho ya que el calor que generamos hará que luego peguen mejor, también habrá que tratar de secar la suela todo lo posible. Si la ruta que vamos a hacer es larga lo más adecuado es llevar dobles pieles para asegurarnos de no tener que terminar la ruta andando.

Progresión ascendente: Para comenzar a foquear tenemos que separar las piernas a la anchura de las caderas y semiflexionar las piernas (posición de equilibrio en la mayorí­a de los deportes). Comenzaremos el ascenso pivotando sobre las punteras de las botas, es decir, sólo levantamos los talones alternativamente como al caminar pero los dedos del pie han de quedar pegados a la nieve para que el esquí­ no se levante lo que puede desequilibrarnos y porque de esta forma ahorramos esfuerzos. No levantaremos los esquí­es, sino que los deslizaremos suavemente, echando levemente el peso en el esquí­ que avanza.

Los bastones son muy importantes, hay que llevarlos coordinados con las piernas de una forma rí­tmica que nos permita un buen apoyo equilibrándonos a cada paso (en el ascenso se llevan largos ya que el apoyo se hace bastante atrás y si fueran muy cortos te quedarí­as sin apoyo). En medias laderas se suele llevar más corto o cogido de más abajo el esquí­ del monte y en el descenso se llevan cortos (como en esquí­ alpino).

Para la subida existen varias técnicas que podremos utilizar en función de las caracterí­sticas de la pendiente y forma fí­sica de los deportistas. En pendientes suaves se utilizan los esquí­s sin alza y se sube directamente escogiendo una lí­nea donde la pendiente no bascule para los lados ya que esto a la larga resulta muy molesto, en pendientes moderadas se utilizará un alza (esto sirve para que el talón llegue antes al tope sin alcanzar la nieve y vuelva a encontrar el apoyo, es decir, disminuye la pendiente) y en pendientes severas se utilizará la doble alza (esta reduce aún más la pendiente y resulta muy incómoda en cuanto la pendiente disminuye). Otra forma de reducir la pendiente es mediante la vuelta marí­a (término utilizado en esquí­ alpino para girar nuestros esquí­s hasta 180º) que en esquí­ de travesí­a se utiliza para ir subiendo la pendiente haciendo diagonales lo que reduce enormemente la inclinación. Se realiza abriendo la espátula del esquí­ del monte a modo de tijera y clavando el canto orientando la rodilla al monte, a continuación se hace lo mismo con el esquí­ del valle que se pone paralelo al otro esquí­. Es importante utilizar el bastón del valle como apoyo por si en algún momento se pierde un poco la toma de cantos, también habrá que clavar el bastón del monte dejando suficiente espacio para no limitar el movimiento de apertura.

 

Uso de cuchillas y crampones: Se utilizarán en pendientes pronunciadas (de moderadas a severas) donde las condiciones son de nieve dura o helada. Lo más recomendable es elegir una ruta alternativa si fuera posible, si no es así­ habrá que estar seguro de que la nieve no está demasiado dura y de que el tramo complicado es pequeño para optar por las cuchillas, en caso contrario lo mejor es ponerse directamente los crampones y colocar los esquí­s en la mochila (en aspa o cruzados según el sistema de fijación de la mochila). Para una u otra maniobra, lo más aconsejable es cavar con la pala un poco para conseguir una superficie plana de apoyo (escalón) si no hay ningún lugar seguro para realizarla.


Además de la equipación dura básica (esquí­s de travesí­a, pieles de foca, cuchillas, bastones telescópicos y botas mixtas con posición de ascenso y descenso), los interesados deberán llevar una mochila (con agua, algo de comida, botiquí­n y material de reparación básico) y ropa acorde con la actividad (ligera y transpirable para subir y cortavientos resistente al agua para la bajada), la teorí­a de las tres capas tan extendida en actividades de montaña y que cada vez se sigue más también en esquí­ alpino). Para actividades fuera del dominio esquiable de las estaciones de esquí­ es esencial llevar además crampones (estructura metálica dentada que se fija a las botas), pala, sonda y arva (esencial uno por persona para poder ayudar en el rescate y/o ser rescatados en caso de avalancha), brújula, mapa topográfico y a ser posible GPS. Asimismo es importante conocer la montaña, la orientación e inclinación de las pendientes, la composición del manto nivoso (nevadas acontecidas, lluvias y heladas, transformación de la nieve, etc.) y los anclajes del mismo, así­ como el comportamiento de la nieve según la época del año en que se realice la actividad.

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Escrito por: Luis Zea (TD2 de Esquí­ Alpino) y Belén Pérez (Formadora de Técnicos Deportivos de Montaña y Esquí­, Licenciada en Ciencias Ambientales, TD2 de Esquí­ Alpino).

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